Sentir la música en cuerpo y alma

Sentir la música en cuerpo y alma

Redacción

Guanajuato.- La curiosidad llevó a Esteban Cisneros a su vocación: la música. A los siete años, en casa de la abuela, encontró una caja de discos y al abrirla, abrió la puerta al futuro.

“Me fascinó la portada de uno, porque ilustraba un mundo fantástico y colorido. Era el Yellow Submarine de los Beatles. Pedí que lo pusieran a sonar y desde ahí me enganché a ciertos sonidos”.

Creció rodeado de lo que escuchaba su madre, “rock en inglés, country, crooners y la música de moda de finales de los 80 y principios de los 90”, que junto con la influencia de los tíos jipis definió su gusto musical.

La música no es un mero entretenimiento; el disco nació con la sociedad del espectáculo, sí, pero se quedó como un artefacto que vindica el valor de la cultura, la expresión y el arte.

Cuando Esteban cumplió 13 ya estaba obsesionado con los Beatles y los Beach Boys. Uno de sus tíos, actor de teatro experimental y gran bailarín de disco, se vio reflejado en aquel adolescente atrapado en los 60 y le regaló una recopilación de rock mexicano: En la onda juvenil, un LP de 1969 que reunía a Las Moskas, La Máquina del Sonido, Las Ventanas, Marta y los Ventura y los Johnny Jets.

El disco, con todas las huellas del uso y del tiempo, se convirtió al instante en un ícono, “me pareció lo más emocionante del mundo. Creo que, a la fecha, es esa excitación la que persigo con cada disco que llega. Es la emoción de la música, pero también del artefacto”.

Experiencia sensorial

En este siglo predomina lo digital, la inmediatez, lo práctico, “lo abstracto, lo incorpóreo”, y para quienes aman y están comprometidos con la música “no basta con tenerla disponible en un dispositivo, sino que necesitas un ‘cuerpo’ con el que relacionarte”.

“Un disco requiere un sacrificio que la posmodernidad no quiere permitirse: levantarte del sillón para poner el disco o cambiarlo, voltearlo de lado, buscar el track con todo el cuerpo y no sólo con los ojos y dos dedos. También el esfuerzo de cargarlo, de guardarlo, de encontrarle un lugar en tu casa; de salir a buscarlo, de pagar por él”.

Esteban nos recuerda que los vinilos, cassettes y CDs, brindan información valiosa sobre lo que estamos escuchando: “los créditos de grabación, los textos que se incluyen, las fotos que dan contexto al disco y a la intención de los músicos, las fechas y las compañías. Los discos ayudan a crearle un universo a la música que va más allá de los sonidos”.

No importa el formato, importa la música

Esteban vive entre miles de discos, “sobre todo, LP’s de 12 pulgadas y singles y EP’s de siete pulgadas. Pero tampoco le hago el feo a los CD’s y a los cassettes. Crecí con todos esos formatos, para mí es natural, porque me tocó la transición del análogo al digital y para mí nunca hubo mucha diferencia: lo que me importa es la música y, eso sí, tenerla en físico. Poseerla”.

Su colección sonó en las fiestas de la escena underground de la ciudad de Léon, hace poco más de 10 años. Este ambiente lo conectó con otros coleccionistas, “un círculo de gente

con un genuino interés en la música; hemos envejecido y nos hemos dedicado a otras cosas, pero el ansia sigue ahí y de repente siguen pasando cosas interesantes”.

Cacería de sonidos

El coleccionismo se ha reactivado, así que hay que salir a buscar esos discos. “Yo lo mismo los he heredado que encontrado en tiraderos, tianguis y bazares. Hay tiendas especializadas que llevan años y son muy populares y confiables, y las hay nuevas y exclusivas. Depende de lo que quieras buscar, también”.

Esteban se considera más acumulador que archivista, lo mueve el ritmo, no un orden para coleccionar: “me va bien un disco de segunda mano que esté en buen estado (porque voy a hacerlo sonar) y también una reedición que se encuentra en una tienda de cadena.

El Internet redujo la distancia entre los coleccionistas y sus anheladas piezas, “desde discos de otras latitudes hasta programas de concierto, afiches o hasta juguetes, todo está ya en línea. Esto ha dinamizado las colecciones, pero también ha hecho que la competencia (y los precios) se vuelva explosiva”.

“Cuando buscas, encuentras”, nos dice Esteban sobre las sorpresas y contrastes con que se ha topado al perseguir la música.

“Recuerdo, por ejemplo, comprar un Latin-Esque de Esquivel en perfecto estado en dos pesos en la Línea de Fuego; The Tumbler de John Martyn, primera edición impecable, en un precio de risa en una tienda establecida o un box-set de los Beatles con un descuentazo (¿error de etiqueta, tal vez?) en una tienda grande de las que están en centros comerciales.

The InCrowd

Esteban comparte un descubrimiento, su favorito en su trayectoria de coleccionista. La canción “En noches como la de hoy”, de La Casa Azul, se menciona a The In-Crowd, pero muchos grupos llevaran ese nombre en los 60. “Me picaba la curiosidad por saber cuál de todos era. Llegué al punto de conseguir el correo electrónico de Guille Milkyway, el compositor, para preguntarle”.

Resultó que se trataba de un grupo que desconocía hasta el momento, “un combo de soul vocal que grabó uno o dos singles y desapareció. Di con un single, de 1969, “Where In The World”, editado por Deram. Hoy podría decir que es mi canción favorita”.

Cuidados especiales

“Aún hoy me asombra cómo de un pedazo de plástico, sale música”, confiesa Esteban, quien recién atravesó por una mudanza. Trasladar más de mil discos no es simple, pues son delicados, “requieren un lugar seco y bien ventilado, que no les dé el sol y que no se llenen de polvo. Tenerlos en fundas ayuda muchísimo también”.

Pero lo más importante es contar con un buen equipo de sonido donde tocarlos, “que para eso son”.

¿Quién es Esteban Cisneros?

Músico, profesor de literatura y lenguaje, consultor. Se describe como un “treintón interesado con profundidad en la cultura popular, el siglo XX, la música, los libros, el cine, el judaísmo, el béisbol y el futbol y la cerveza”.

Su colección se compone sobre todo de discos de pop de los 60. “De soul, power pop, garage, Mersey beat, disco. Punk y indie ochentoso y twee. Funk y jazz y mucho folk. Discos grabados por músicos de León. Mi debilidad es el pop con guitarras (la influencia de los Beatles, claro) pero eso no me ha impedido conseguir buenos discos de klezmer, exotica y soundtracks de musicales. A mí me gustan los discos para tocarlos, no para tenerlos en una vitrina”.

Su Instagram: @latrampadelbulevar

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