Sanar a través del arte

Sanar a través del arte

Juana Adriana Rocha

Guanajuato.- Aunque desde la preparatoria Ana Karenina tenía la inquietud de dedicarse a tatuar, sentía que en su ciudad natal, Ensenada, no había espacios para desarrollar las artes. Así que estudió ingeniería en biotecnología.

Pero el feminismo y seguir su instinto la llevaron a cumplir el sueño: “decidí publicar unas viñetas feministas en una paginita de Facebook que me abrí y en la que tenía como 50 followers nada más. Sin esperarlo: ¡PUM! se volvieron virales, y así empezaron a buscarme medios para colaboraciones y entrevistas, aceptaba los trabajitos porque en ese momento acababa de estar desempleada.”

Su esposa la apoyaba con los gastos y la ayudó a dar el gran paso en el tema que siempre estuvo presente, “¿qué vas a hacer para crecer en esto?”  Ana Karenina decidió por fin “entrarle a la tatuada”, que hoy es su primera fuente de ingresos.

Las flores, un leitmotiv

El talento de Ana Karenina florece en la piel de sus clientas. Las plantas son un motivo frecuente. “Me encanta la variedad de formas y colores que puedes encontrar en ellas y esto enriquece los diseños. Pero sus usos prácticos y médicos tampoco dejan de sorprenderme, de hecho, tengo colecciones de flashsheets en las que me gusta agregar nombres y usos comunes de cada especie”.

Le atribuye este interés a los estudios de botánica que curso en la carrera, interés que pudo compartir cuando fue profesora de biología.

Sororidad y catarsis

Alrededor del 90% de las personas que tatúa son mujeres. Ana ha reflejado sus experiencias en cómics y viñetas, “me he dado cuenta que lo que le pasa a una a veces nos pasa a todas, sólo hay que cambiar nombres y lugares”. Su proceso de aceptación lo trasladó a los diseños de sus tatuajes, y otras mujeres se sintieron identificadas. “Yo no lo elegí”, dice. Y tiene razón, la eligen, acuden a ella porque les regala algo único: la oportunidad de llevar para siempre en la piel un recuerdo de cómo sanaron.

“Supongo que es una experiencia compartida porque es parte de la socialización femenina: a las mujeres se nos está diciendo todo el tiempo que no somos suficientes, ya sea por nuestros cuerpos, nuestros deseos o nuestras decisiones”.

“Es que salí de una relación de abuso de 10 años”, “por fin superé mis trastornos alimenticios”, “fui violada por mi mejor amigo”, son historias que suelen compartirle en sus sesiones.

Recuerda algunas con particular cariño. “Una muy intensa fue con una chica que se fue a tatuar algo en memoria de su novio, que era activista de movilidad y murió atropellado en bici un mes antes. Fue una sesión llena de llanto, pero nunca de incomodidad. Tuve otra bien bonita con una mujer de 40 años a quien su exmarido no le daba permiso de tatuarse, la dejó porque ella tuvo cáncer de mama y estaba ahí conmigo tatuándose la cicatriz en su pecho como statement personal. En otra ocasión una mujer fue a tatuarse una cicatriz hecha con una botella de tequila que se dejó ella misma durante un episodio de depresión y alcoholismo”.

“Creo que de alguna forma el dolor físico del tatuaje muchas veces nos da ‘el permiso’ de llorar y sufrir, pero la razón subyace en lo íntimo de nosotras”, considera.

Tatuadoras en la escena

Ana Karenina revela que algunos tatuadores consideran que su estilo “no es tatuaje”, “lo ven como menos por no ejecutar ciertas técnicas. También ha sentido las miradas de extrañeza cuando compra materiales.”

Reconoce que “a pesar de que hay muchas mujeres rompiéndola durísimo en el ambiente, sigue siendo dominado por el hombre”, falta representación femenina en los eventos nacionales o mundiales.

Sin embargo, ella se encuentra cómoda alejada de la escena, no descarta compartir estudios con otras artistas y enseñar a nuevas generaciones.

La línea rumbo a la perfección

Los trabajos de Ana dan la impresión de que un punto de tinta fue extendiéndose hasta convertirse en una línea que adopta una inesperada forma. Sabe que en el arte no existe la perfección, pero los errores son oportunidades de aprendizaje.

“Si me preguntas que si tengo trabajos favoritos, pues sí. Me gusta toda la serie de (24) flores de cumpleaños que hice; las reinterpretaciones de arte clásico, en especial las de Matisse, Remedios Varo y Magritte, y recientemente, la serie de diseños de la película de Ari Aster, Midsommar”.

Como parte del proceso, admite que los clientes proponen modificaciones a sus diseños que no le gustan del todo, y otras, al contrario, cree que los mejoran. Es parte de ser flexible y trabajar en equipo. “Hay ciertas cosas que tienen una razón de ser en el tatuaje y, si al final, como sea lo quieren cambiar, pues no me opongo”.  Todas sus sugerencias buscan lo mejor para la pieza.

Reactivarse en pandemia

El padre y la hermana de Ana Karenina son médicos, y la asesoraron para volver a trabajar minimizando riesgos luego de parar tres meses y medio por el coronavirus.

“Uso un traje especial que es muy caliente y aunque siempre he trabajado respetando los procesos de bioseguridad ahora es importante ser en extremo cuidadosa y agregar nuevos protocolos”, detalla.

Su creatividad también sufrió altibajos. Aunque intentó concentrarse en un proyecto de novela gráfica, “empecé muy bien y luego de repente ya no quería hacer nada, simplemente no tenía ganas”. Retomó el diseño de tatuajes, y de nuevo, el bloqueo.

“Creo que ya hice las paces con la pandemia y me reconcilié con ella, así que estoy trabajando a un ritmo normal. Me faltan algunos rituales que solía tener para ‘inspirarme’: salir a trabajar al cafecito, ver a mis amigas o ver muchas películas en el cine, pero trato de ‘obligarme’ a hacer las cosas aunque las condiciones no sean las mejores para ser creativa”.

¿CÓMO CONTACTARLA?

A través de su cuenta de Instagram, @kareninjatattoo.

Su trabajo como ilustradora se encuentra en https://anakareninja.wordpress.com/

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