‘La Orquesta Imposible’ de Alondra de la Parra

Agencias

Ciudad de México.- El 8 de marzo, cuenta Alondra de la Parra, tenía la intención de acudir a la marcha de mujeres en la Ciudad de México para protestar en contra de la violencia de género. No pudo acudir, pero, dice, es importante “no quitar el dedo del renglón” y continuar con la visibilización de la violencia que padecen millones de mujeres, y niños en México, fenómeno que ha crecido durante el confinamiento por la pandemia. Con esta inquietud, la concertadora creó la Orquesta Imposible, que reúne a 30 de los mejores músicos del mundo, para interpretar Danzón No. 2, de Arturo Márquez, en una versión única hecha para el ‘dream team’ orquestal, para recaudar fondos.

“Espero que no se quite el dedo del renglón y que ese discurso continúe porque es muy importante. A los músicos les comenté todas las tragedias que suceden, los niños que sufren violencia, las mujeres que son asesinadas, las estadísticas. Todos me dijeron que sí de inmediato, porque nada de eso puede ser”, dice desde Berlín.

La Orquesta Imposible es, en efecto, imposible, porque reunió a músicos de grandes orquestas como las filarmónicas de Berlín y de Nueva York con solistas que, en otra circunstancia, habría sido impensable que tocaran juntos, como Paquito D’Rivera, Arturo Sandoval, Emmanuel Pahud, Pacho Flores y Alisa Weilerstein. Juntó también a un cantante, el tenor mexicano Rolando Villazón, y a Elisa Carrillo, primera bailarina del Staatsballett de Berlín.

Así, a distancia, con grabaciones en seis países como Estados Unidos, Alemania y Francia,  con un equipo de producción y de edición que logró la percepción de que todos están en un mismo espacio, con la interpretación de solos nunca antes escuchados, como el de piano, interpretado por la propia De la Parra, o el de Paquito D’Rivera, para saxofón soprano, se lanzó ayer el video que ya está en el canal de YouTube de The Impossible Orchestra, y que estará también en Amazon y en la página theimpossibleorchestra.com.

La bailarina Elisa Carrillo tuvo también un reto mayor: trabajar a distancia con el afamado coreógrafo inglés Christopher Wheeldon. “Fue un trabajo muy difícil, fueron ensayos largos, a veces podíamos pasar tres horas viendo una parte que sólo duraba 30 segundos. Él me explicó todo con gran claridad, me dio indicaciones dedo por dedo, me dijo qué quería en cada detalle. Nunca pensé que haría algo así en mi vida, estoy feliz. Los bailarines estuvimos en casa tomando clase, con este proyecto pude entrar a un salón de nuevo y recordar cuánto amo lo que hago, fue luz en el camino”, explica.

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